lunes, 28 de marzo de 2011

Alguien que te espera

El tren está a punto de llegar a la estación. Los mapas que aparecen en los monitores señalan el recorrido con una línea verde que está cada vez más cerca de Madrid. Algunos pasajeros han comenzado a levantarse y estiran los brazos y las piernas como gatos que hubieran dormido al sol. El trayecto de ida, a primera hora de la mañana, estaba repleto de voces que se comunicaban con sus oficinas a través de teléfonos móviles, de dedos que se deslizaban veloces sobre los teclados de las blackberries y de puertas que se abrían y cerraban continuamente de camino al vagón- cafetería.


La vuelta es más reposada. El día ha sido duro y la lluvia no lo ha puesto fácil. Las nubes han cubierto Barcelona de manos negras y han dejado a su paso aglomeraciones en las carreteras, visitas anuladas y más de una complicación. El tren anuncia su llegada a la estación Puerta de Atocha y los pasajeros salen deprisa. Aún queda un trayecto en transporte público o en taxi y las colas se multiplican a última hora de la tarde. Hombres de negocio recorren el andén en zigzag sorteando a las mujeres con carros de bebé, jóvenes estudiantes suben la escalera mecánica saltando los escalones de dos en dos y chicas con tacón alto tiran de pesadas maletas mientras consiguen orientarse y divisan el cartel de salida. Hay un deseo común en esas personas que corren: todos ellos sienten urgencia de llegar a casa y comenzar su tiempo de descanso. Camino por el andén con el mismo cansancio, pero con menos prisa: en medio de la multitud reconozco sonriente a mi marido. El amor también es eso: saber que al final del día alguien te espera con los brazos abiertos.

domingo, 6 de marzo de 2011

Lo quiero...¡pero tiene que ser ya!

Ahora mismo. Queremos algo y deseamos que se materialice lo antes posible, con urgencia, como si nuestra felicidad dependiera de la consecución de ese sueño que está tardando demasiado tiempo en llegar: vender una casa, aprobar unas oposiciones, encontrar a la pareja definitiva, recibir una oferta laboral o cualquier otro objetivo que hayamos dibujado al otro lado de la línea de meta.

Tiene que ser ya. Y si no se realizan en los días, semanas o meses venideros nuestra vida parece tambalearse y surgen todo tipo de dudas sobre nuestra capacidad para conquistarlos o merecerlos. Los retrasos asustan. Los tiempos de espera desesperan. Estamos dispuesto a sacrificarnos e incluso a endeudarnos para conseguir un sueño, pero nos cuesta muchísimo tener que esperar por él.
El calendario no es el mejor amigo de los sueños. Pone límites temporales a un proyecto sin tener en cuenta la idoneidad de las circunstancias o el momento vital que atravesamos. Mira el reloj. Presiona y pregunta en voz baja: ¿estás seguro…?

Y sí, si que estamos seguros. Pero el viento sopla con fuerza a la contra. La tormenta arrecia y hay pocos apoyos a la vista.

Y entonces… ¿seguimos soñando?

Por supuesto. Seguimos soñando y trabajando para realizar nuestros proyectos. Pero no nos desquiciamos porque no salgan a la primera ni luchamos contra molinos de viento. Esperamos a que termine el temporal y damos la mano a quienes nos quieren y desean nuestra felicidad. Buscamos soluciones, probamos alternativas y dejamos de obsesionarnos con los resultados. La inmediatez no es sinónimo de éxito… Todo llega, pero no necesariamente en el momento ni bajo la forma en que lo habíamos previsto.