lunes, 29 de agosto de 2011

Espíritu Zen

Regreso a la rutina y varias personas formulan el mismo comentario que posiblemente yo repita dentro de poco: “¿Las vacaciones? Ya casi se me han olvidado…”. Resulta paradójico pensar que necesitamos algunos días para poder desconectar y sentirnos verdaderamente relajados y pocos minutos para que algo nos haga perder la calma: un electrodoméstico que se avería y genera un gasto imprevisto; un corte de tráfico en la carretera que nos lleva a circular a la deriva mientras encontramos una ruta alternativa en medio de un embotellamiento; una vuelta al trabajo con el escritorio lleno de documentos y tareas por hacer en tiempo récord…

Hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia, pero ninguna de ellas deberían hacernos perder el buen humor. Las dificultades forman parte del día a día y merece la pena que tan sólo les dediquemos el tiempo justo para resolverlas. No sirve de nada tenerlas presentes y recrearnos en ellas: el camino no tiene por qué ser aún más difícil. Las cosas pueden ser complicadas, pero en nuestras manos está tomarlas como vienen o convertirlas en un drama.

En estos días de regreso, conviene recordar el espíritu de las vacaciones. Calma, relax… Be water, my friend.

martes, 23 de agosto de 2011

Sucedáneos

No nos damos cuenta de las tensiones que acumulamos a lo largo del año hasta que llegan los días de vacaciones, extendemos la toalla sobre la arena y nos dejamos invadir por el ritmo lento y acompasado del mar, especialmente si estamos a orillas del Mediterráneo. Las vacaciones desvían la mirada del reloj y la dirigen suavemente hacia un horizonte de planes sencillos y apetecibles: la lectura de un buen libro bajo la sombrilla; una cerveza casi helada a la hora del aperitivo; nado y buceo en un agua en su punto justo de temperatura; comidas familiares y cenas con amigos…

En las ciudades han proliferado los lugares de descanso y relax, pero ninguno de ellos resulta tan poderoso y efectivo como el contacto directo con la Naturaleza. Los gimnasios pueden ser muy espaciosos y estar bien equipados, pero no pueden ofrecer las sensaciones que surgen del ejercicio al aire libre: los minutos que pasamos sobre la bicicleta estática no son comparables a los paseos por el campo o la playa, especialmente al atardecer, con una brisa incipiente que amortigua el esfuerzo del pedaleo; la fuerza tonificante del mar no tiene parangón con la mansedumbre del agua de la piscina; y el jogging en la montaña o en la orilla es mucho más placentero que la carrera sobre una cinta. Los gimnasios y spas son útiles para mantenernos en forma, pero la verdadera relajación surge del contacto directo con la  Naturaleza, con su ritmo pausado, sus paisajes abiertos y sus vibraciones contagiosas y calmantes.