martes, 23 de junio de 2015

¡¡Que vienen los Peppers!!!


 
Empezamos con las centralitas electrónicas, las máquinas de autochek-in y las cajas de pago con tarjeta automática. El personal de atención al cliente se ha ido reduciendo con los años y puede que en los próximos tiempos acabe por desaparecer con la llegada de inventos como el robot Pepper, el último gadget asiático. Sus creadores aseguran que es simpático, servicial y capaz de interpretar los sentimientos humanos para dar una respuesta positiva. Tal ha sido el furor que ha despertado Pepper que se han agotado las existencias un minuto después de salir a la venta…
 
Imagino que hay gestiones básicas que se pueden automatizar, pero el factor humano me parece esencial en el trato con los clientes. Por muy sofisticada que sea la ingeniería programada en un laboratorio nunca se podrá comparar con la empatía, la experiencia y el saber hacer de un profesional.
La cara perversa de la tecnología es la deshumanización. El trato personalizado se sustituye por protocolos; las respuestas se encorsetan en un programa estándar donde solo cabe un número concreto de variables predecibles; y la imagen que transmite la empresa es muy poco cercana.
No me imagino resolviendo una gestión con un robot. Prefiero un humano, por muy imperfecto que sea, el que se encargue de atenderme y buscar soluciones en el caso de que sea necesario. Alguien con nombre y apellidos y rostro, voz y criterio propios. Definitivamente, me quedo con las personas.

viernes, 19 de junio de 2015

Sin perder la perspectiva

Hay algo que no me cuadra en el debate social que se está generando en los últimos días: la pérdida absoluta de perspectiva de lo que es correcto o incorrecto en las acciones de nuestros gestores públicos. Leo críticas enconadas y enardecidas defensas que están claramente condicionadas por un único factor: si el protagonista de un hecho reprobable es o no afín a las ideas políticas de quienes las escriben.
 
Estamos de acuerdo en que hay matices y grados. Que no son comparables delitos con faltas. Pero estamos en todo nuestro derecho de exigir a los políticos,  de cualquier signo e ideología, eficacia en la gestión, honradez y respeto a las leyes. Y cualquier cosa que contravenga estos principios está sencillamente fuera de lugar.
Trabajo y transparencia, sí.
Negligencia y “postureo”, no.