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Mostrando las entradas etiquetadas como Imágenes que pasan

Reencuentros

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Hasta hace poco tiempo, los reencuentros estaban asociados a las escenas más efusivas de las películas románticas, a las letras de ciertas baladas y al célebre anuncio navideño del turrón. Los reencuentros eran el territorio natural de los emigrantes, de las parejas a distancia y de los estudiantes de provincias. La lejanía era un mal poco conocido, un peso en la mochila que cargaban otros a sus espaldas. Hasta que llegó el confinamiento e impuso su ley de vida a lo lejos, sus restricciones y sus reglas. Y la experiencia de la distancia se extendió a todos y nos hizo añorar la cercanía con nuestros seres queridos, el calor de los abrazos y la espontaneidad de los besos. Nos llevó a familiarizarnos con las videollamadas, a tachar los días en el calendario como los presos dentro de sus celdas y a esperar cada día con más ganas ese ansiado momento del reencuentro.  Decía ‘El Principito’ que no se valora algo hasta que se pierde y todos hemos comprobado hasta qué punto es ve...

Sin perder la perspectiva

Hay algo que no me cuadra en el debate social que se está generando en los últimos días: la pérdida absoluta de perspectiva de lo que es correcto o incorrecto en las acciones de nuestros gestores públicos. Leo críticas enconadas y enardecidas defensas que están claramente condicionadas por un único factor: si el protagonista de un hecho reprobable es o no afín a las ideas políticas de quienes las escriben.   Estamos de acuerdo en que hay matices y grados. Que no son comparables delitos con faltas. Pero estamos en todo nuestro derecho de exigir a los políticos,   de cualquier signo e ideología, eficacia en la gestión, honradez y respeto a las leyes. Y cualquier cosa que contravenga estos principios está sencillamente fuera de lugar. Trabajo y transparencia, sí. Negligencia y “postureo”, no.  

Tan a gusto

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  Termino de leer una revista femenina que adelanta apetecibles planes de vacaciones, costosos estilismos y sofisticadas dietas y ejercicios para lucir un cuerpo perfecto durante el     verano.      Precisamente  es   ese   adjetivo -“perfecto”- , uno de los más recurrentes en la mayoría de los reportajes. La perfección parece ser la finalidad oculta detrás de tanto esfuerzo de energía, tiempo y recursos económicos. A estas alturas de mi vida ya he comprobado que la perfección no es sinónimo de felicidad, sino de insatisfacción. Pretender abarcarlo todo con la máxima eficacia es una tarea agotadora e inalcanzable. Así que, después de este rato de lectura, ya sé lo que no voy a hacer en verano: cursos de submarinismo, bikram yoga, ni esquí acuático; tampoco voy a comprarme un vestido de Gucci ni un bolso de Prada; por supuesto que no voy a contabilizar las calorías de cada alimento. Y sí, voy a disfrutar a tope d...

#Que alguien me lo explique

Leo con verdadero estupor las declaraciones de la autora de un asesinato que no sólo no se arrepiente del atentado que acaba de cometer, sino que se jacta de ello y justifica su crimen porque la víctima, según su desquiciado criterio, “se lo merecía”. Con el mismo estupor e incredulidad leo también comentarios en redes sociales disculpando a la asesina y señalando como posibles atenuantes la crispación social, las barreras entre el pueblo y la clase política, la indignación, los efectos trágicos de la crisis…   ¿Creerse víctima de una injusticia justifica que alguien acabe con la vida de una persona? ¿La indignación actúa como una carta blanca en nuestra sociedad? Porque si es así, nadie está libre de recibir el ataque de otro que se sienta perjudicado por su actitud. Un jefe autoritario, un familiar molesto, un vecino ruidoso, un compañero de trabajo cotilla, un amigo que comete una traición… ¿Para qué tenemos unos derechos y un sistema judicial? ¿Vivimos en una sociedad civil...

Regreso

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Vuelta a casa. Tren. Gotas de lluvia en los cristales. 

Dedicado a Yolanda

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“Parece que a nadie le importa lo que ocurre en Venezuela” , reflexiona una amiga venezolana después de haber dado un vistazo a los últimos tuits que aparecían en la pantalla de su ordenador. Durante estos días he sido testigo de su preocupación, de la angustia con la que ha esperado las llamadas de sus familiares para comprobar que están bien, de su necesidad de saber y contar lo que está pasando. He leído sus mensajes de denuncia en Facebook, la he visto fabricar su pancarta para acudir a una concentración pacífica… Y aunque a ella no le parezca suficiente, sé que está haciendo todo lo que está en su mano desde este rincón del mundo. Valoro y admiro su esfuerzo por intentar que las cosas cambien, de sumar su voz a las de tantos compatriotas que están clamando justicia y libertad. De no dejar que la lejanía se transforme en indiferencia. De participar a miles de kilómetros de distancia. De no cansarse. De estar, a pesar de todos los obstáculos. De luchar. De soñar con una realidad...

Escultura entre los árboles

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Los huecos entre los árboles son grandes mirillas para divisar el paisaje oculto detrás de las ramas. Las formas se intuyen y se confunden, obligando al espectador a fijar su atención más allá de primeros planos cerrados, casi herméticos. Paseando por el parque, me pareció que esta escultura se alzaba como un árbol más: silenciosa, resistente al frío y a la lluvia, rompiendo el horizonte como una lanza blanca.

Gotas de lluvia sobre las hojas

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La Naturaleza siempre deja sus huellas: arena removida después de un vendaval; capas de escarcha blanca durante un día de nieve; o gotas de lluvia sobre las hojas tras el final de una tormenta. Tomé esta instantánea a finales de abril, cuando la primavera se empeñaba en esconderse en las varillas de los paraguas y en el forro de plumas de los abrigos. Las hojas de un árbol grande parecían manos que sostenían pequeñas perlas de agua. Me acordé del título de la novela de Kawabata: “Historias en la palma de la mano”. O en la palma verde de las hojas. Una buena fotografía siempre contiene una historia.

Tiempos difíciles

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Con fuerza y en plena cara. Un golpe contundente y a cámara lenta, como en los planos más emotivos de las películas donde la suerte del protagonista se dirime sobre un ring de boxeo, en un asalto que le pilla desprevenido, con la guardia baja y sin tiempo de reaccionar. Al suelo y K.O. Sonido de campana y fin de la partida. Demasiado fuerte. Demasiado directo. Un golpe demoledor.   Leo las últimas noticias y veo entre líneas esas caras golpeadas: desempleados, propietarios a punto de sufrir un desahucio, personas que se enfrentan a una pérdida dolorosa… Caras que acaban de recibir un golpe y tratan de mirar a los lados para ver a dónde pueden agarrarse y volver a ponerse en pie.   No siempre experimentamos lo que merecemos: hay etapas muy duras, donde los obstáculos se empeñan en hacernos el camino especialmente complicado. La vida da y quita. Cuando menos lo esperas, en lo que menos esperas. La ruleta de la Fortuna gira de la misma forma caprichosa para todos: hoy es ...

Mañana de domingo

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Músicos de jazz. Plaza de las Cortes (Madrid)