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Mostrando las entradas etiquetadas como Relaciones

Reencuentros

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Hasta hace poco tiempo, los reencuentros estaban asociados a las escenas más efusivas de las películas románticas, a las letras de ciertas baladas y al célebre anuncio navideño del turrón. Los reencuentros eran el territorio natural de los emigrantes, de las parejas a distancia y de los estudiantes de provincias. La lejanía era un mal poco conocido, un peso en la mochila que cargaban otros a sus espaldas. Hasta que llegó el confinamiento e impuso su ley de vida a lo lejos, sus restricciones y sus reglas. Y la experiencia de la distancia se extendió a todos y nos hizo añorar la cercanía con nuestros seres queridos, el calor de los abrazos y la espontaneidad de los besos. Nos llevó a familiarizarnos con las videollamadas, a tachar los días en el calendario como los presos dentro de sus celdas y a esperar cada día con más ganas ese ansiado momento del reencuentro.  Decía ‘El Principito’ que no se valora algo hasta que se pierde y todos hemos comprobado hasta qué punto es ve...

Parejas en tiempos de coronavirus

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Poco se dice de los que acompañan, de los que consuelan, de los que viven al lado de los que están en primera línea de fuego para salvarnos de esta epidemia. Ellas y ellos son los que se quedan en casa mientras sus parejas viven una lucha sin cuartel contra el coronavirus en hospitales, centros de salud y ambulancias. Mujeres y hombres que asumen en solitario el peso de sus hogares, hacen malabares con el teletrabajo, preparan comidas, friegan platos y ayudan a los niños con los deberes mientras pasan el día preocupados por la salud de sus parejas -en permanente contacto con el virus- y por la de todos los miembros de la familia, en riesgo también de contagiarse. Son las mujeres y hombres detrás de quienes trabajan para salvarnos, las personas de las que nadie habla y que, sin embargo, viven esta cuarentena tratando de aportar equilibrio y paz en medio de la tormenta: las que cuidan de sus parejas cuando regresan a casa extenuadas y escuchan sus relatos cargados de problema...

Hermanos

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Tienen muy pocas horas en este mundo. Apenas pueden abrir los ojos y demuestran la indefensión propia de quienes acaban de llegar a un territorio desconocido, luminoso, con ruidos y seres extraños que no son capaces de identificar. Son pequeños, frágiles y vulnerables, pero entre ambos movilizan una fuerza arrolladora. Entre los dos hay un vínculo poderoso que les une a su experiencia previa en el vientre materno. Un testigo que le ha acompañado desde su primer latido de vida, una presencia con la que han ido creciendo, transformándose, convirtiéndose en lo que son ahora. Un compañero de viaje, un cómplice, un amigo leal: un hermano.   El cariño y la naturalidad con la que estos gemelos recién nacidos se abrazan mientras toman su primer baño hacen que la palabra “hermano” tome todo su sentido. No creo que sea casualidad que se hayan convertido en uno de los temas más comentados en redes sociales durante este fin de semana. Estas imágenes tienen algo que nos atrapan: nos ll...

Escrito en el respaldo de un sillón de autobús

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Siempre me ha llamado la atención las palabras e inscripciones escritas furtivamente en los bancos de las plazas, en los troncos de los árboles y en lugares insospechados de ciertos espacios públicos. Dejando a un lado los mensajes-protesta o los que hacen alarde de la potencialidad de ciertas partes del cuerpo (con números de teléfono móvil incluidos, un clásico de las puertas de los aseos públicos), me resulta curioso descubrir la fuerza que desprenden las palabras escritas a corazón abierto, en un momento de pasión y vulnerabilidad. Me pasó hace unos días cuando viajaba en un autobús público de Palermo. Nos dirigíamos hacia el Palacio Real, un edificio que alberga una de las joyas mejor custodiadas de la ciudad: la capilla Palatina. Mientras observaba las fachadas de las iglesias, los escaparates de las tiendas y las entradas angostas de las calles que íbamos dejando atrás, me tropecé con esta frase escrita en uno de los sillones del autobús: “La mia felicità dipende da te” (“Mi...

El espacio de los amigos

La comodidad de la vida en pareja provoca en ocasiones un daño colateral: planificamos todo nuestro tiempo libre junto a ella y, casi inevitablemente, desplazamos los encuentros con los amigos. La amistad es un vínculo generoso y elástico: se le pide comprensión cuando no podemos dedicarle la atención que se merece; consuelo cuando las cosas no salen tan bien como quisiéramos; tiempo cuando estamos en disposición de compartir… Existen pocas relaciones tan abiertas y desinteresadas como las que se establecen entre los amigos. Son ellos los que han escuchado una y otra vez nuestros planes de futuro; los que nos han orientado hacia una solución que no habíamos contemplado; los que han asistido a nuestras fiestas y han brindado por nosotros, los que nos acompañaron en algún pasillo solitario, cuando las noticias que venían a darnos eran demasiado difíciles de aceptar… Son los que han estado y continuarán estando ahí, sin pedir nada, sin reprochar nada. Al alcance de la mano. A un golpe ...

Incompatibilidades

Cuando éramos adolescentes y una amiga nos anunciaba que estaba empezando a salir con una nueva pareja, la pregunta era siempre la misma: “¿Es guapo?”. El atractivo físico era determinante en las elecciones y eclipsaba otras cualidades fundamentales para sostener la relación, pero en ese momento desconocíamos hasta qué punto eran necesarias. La belleza o el carisma de la persona deseada emitían una luz que deslumbraba e imponía sus propias reglas: seguirla exigía negociaciones, soledades, conflictos… A esa edad no sabíamos medir el efecto de las incompatibilidades y, meses después, asistíamos al sufrimiento de la chica que no conseguía ver durante el día a un novio amante de la fiesta y la vida nocturna; al aburrimiento del compañero que pasaba los fines de semana frente al televisor con una chica taciturna y poco sociable; a la frustración de una amiga que notaba cómo saltaban las chispas entre su pareja y su familia en las contadas celebraciones a las que asistían juntos, o a la impo...

Tomar la iniciativa

Hay algo de mágico en los tentáculos virtuales de Facebook. Llegan a hogares de la geografía más remota, escarban en el pasado y sacan a la superficie fotografías de la infancia y nombres de compañeros de clase que vimos por última vez en un listado de notas sobre un tablón de corcho. -“¡Madre mía, cuánto tiempo hacía que no hablaba contigo!”-. En los últimos meses he repetido varias veces esta frase al recibir un correo o intercambiar saludos en el chat. 15 años después, la vida nos ha vuelto a poner en el camino. Por eso me hizo especial ilusión volver a encontrarme con algunas amigas de la infancia esta Navidad, la época más propicia para los encuentros y las celebraciones. Afortunadamente, pudo más nuestra ilusión por volver a vernos que cualquier idea preconcebida (¿saldrá todo bien? ¿tendremos cosas en común o habremos cambiado demasiado? ¿será una buena idea después de todo?). El punto de encuentro fue una tetería de Málaga, un local cálido y acogedor repleto de gente joven, con...

Yo invito a esta ronda

“No tengo dinero para hacer muchos planes. Estoy en paro”. Hacía tiempo que no escuchaba esta frase, quizás desde mis años de Universidad, donde muchos compañeros tenían que dividir su tiempo entre las horas de clases y las que pasaban cuidando a algún niño o sirviendo copas en un bar los fines de semana para poder afrontar sus gastos. Entonces el dinero servía para amortizar la matrícula, comprar cigarrillos o planificar una pequeña escapada. La misma frase pronunciada años después hunde los hombros de quien la pronuncia con el peso de la hipoteca, la guardería y la letra del coche familiar. La crisis es una mancha resbaladiza: te hace tambalear y te impide recuperar el paso durante un tiempo. Por eso los desempleados y los mileuristas -que integran la categoría siguiente en el mundo de la precariedad laboral- soportan una carga tan pesada: a la preocupación por cumplir con sus pagos se suma la impotencia de saberse fuera del sistema, en una situación donde no hay lugar para planes a ...

Iniciar el juego

-“¿Juegas conmigo?”-, me propone una voz dulce y desconocida. He perdido la cuenta del tiempo que llevo leyendo debajo de la sombrilla. El libro se acerca a la resolución de la trama y me he abstraído totalmente de los niños que juegan con sus pistolas de agua al borde de la piscina, de los padres que se saludan cuando llegan con las toallas, la crema protectora y el periódico debajo del brazo y de las madres que no paran de dar indicaciones a sus hijos: sal del agua, no te vayas a la parte profunda, no hagas ahogadillas a tu hermana, ven a comerte la fruta, mueve con fuerza las piernas cuando nadas, no salpiques tanto cuando saltes… Levanto la vista y me encuentro a una niña morena que me sonríe y me tiende su mano derecha mientras sostiene un cubo de plástico rosa con la izquierda. Ahora sé lo que siente Shrek cuando mira a los ojos a su gato espadachín: hay miradas a las que es imposible resistirse. -“Vale”-, acierto a decir. -“¿Cómo te llamas?”. -“Marta”-, me informa la niña, que c...