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Mancha de tinta sobre fondo blanco

Recorro en taxi las calles de Barcelona. El conductor ha verificado la dirección de mi cita en el GPS y me ha confirmado que nos quedan 25 minutos de trayecto. Al parecer, el comercial que organizó mi viaje no introdujo la información completa y reservó un hotel cerca de la calle Dante, en el sur de la ciudad, creyendo que se trataba de la calle Dante Alighieri, situada en la zona norte. Suspiro profundamente, mando un sms para prevenir a las personas que me esperan que voy a retrasarme y contesto con monosílabos al conductor del taxi, empeñado en hacerme todo tipo de preguntas indiscretas -de dónde vengo, por qué visito la ciudad, en qué sector trabajo…- para darme conversación. Mientras tanto, observo con admiración la arquitectura exquisita de los edificios de Barcelona, el paseo embelesado de los turistas y la mezcla de nacionalidades -una mujer india con sari, varios occidentales y un chico de color- que esperan la llegada de un autobús de línea. La vida está llena de imprevistos ...

Vacaciones

Hay palabras que nada más pronunciarlas evocan sensaciones y recuerdos agradables, palabras que nos envuelven y nos trasportan a situaciones placenteras y deseadas. “Vacaciones” es una de ellas, una palabra-álbum que se despliega ante nosotros con la alegría de las verbenas de verano, la luminosidad del amanecer en la playa y la complicidad de los almuerzos compartidos en familia, con tortilla de patatas, cerveza espumosa y una sandía recién salida del frigorífico y servida en rodajas sobre platos de Duralex. Las vacaciones disparan los sentidos, estiran las horas y despiertan el deseo. Deseo de pasar horas debajo de la sombrilla leyendo un buen libro, de disfrutar de nuestra pareja o de hacer deporte al aire libre. Deseo de decidir sobre nuestro tiempo y elegir nuestras ocupaciones favoritas. De no mirar el reloj. De no chequear varias veces al día la blackberry. De dormir cuando apetece e improvisar los planes. De vivir cada día al máximo, con energía y buen humor. Las vacaciones hue...

El mal amor

La Literatura ha mitificado la pasión. Cualquier héroe, por modesto que fuera, tenía que verse arrastrado por la fuerza de un sentimiento fuerte y palpitante, vivir una relación que se erigiera en el epicentro de su vida y le obligara a renunciar a cualquier cosa, a batirse en mil combates, para conquistar definitivamente a su pareja y poder consumar su amor. Luchar contra viento y marea. Enfrentarse a un entorno que no comprendía su historia. Salvar al otro de los problemas que le atormentaban. Esforzarse, esforzarse mucho, para estar a la altura de las circunstancias. Quien quisiera conocer el amor verdadero, tenía que vivir una gran pasión. Cuántas veces nos hemos dejado llevar por el romanticismo de estas ideas y nos hemos visto envueltos en relaciones que creíamos muy pasionales. Pero… ¿puede llamarse amor el sentimiento que mueve a alguien a ponernos pruebas imposibles? ¿Actúa con amor la persona que nos pone en contra de nuestros seres queridos o la que espera que soportemos tod...

Botella medio llena

Sí, soy de las personas que ven la botella medio llena. También soy capaz de percibir las pequeñas grietas que surgen en las partes más desgastadas del vidrio y las dificultades de traspasar el líquido por un cuello rígido y estrecho. Tampoco soy ajena al hecho de que no siempre abundan los recursos ni ayudan las tormentas de alrededor. De acuerdo: hay una parte medio vacía e incómoda. Aún así, yo prefiero prestar mi atención a la abundancia de lo que está dentro, a la alegría de quienes contribuyen a que cada vez haya más y a las oportunidades que surgen para hacer que las cosas fluyan de forma agradable y placentera. No soy una optimista ingenua: soy una optimista consciente y voluntaria. El optimismo no es un don, sino una declaración de principios.

Algo más que un profesor

-“¿Quién ha visto el mar esta mañana?”-, preguntaba al comienzo de cada clase. Transcurridos unos segundos de silencio que nos dejaba de margen para responder, Andrés, nuestro profesor de Literatura, levantaba lentamente la mano, esbozaba una sonrisa y nos contaba si el mar estaba enfurecido o en calma, si su color se asemejaba más al azul turquesa del cielo o si, por el contrario, reflejaba el gris plomizo de las nubes cargadas de lluvia. Poco después, comenzaban unas clases intensas, repletas de explicaciones, lecturas y redacciones. -“No hagáis un comentario de texto al uso. Prefiero que imaginéis que tenéis que escribir una carta al autor. ¿Qué le diríais sobre los personajes? ¿Os gustó la trama principal? ¿Os habéis podido meter en la piel del protagonista en algún momento de la novela?”-. Contagiar entusiasmo y curiosidad por la lectura no es fácil, pero menos aún entre un grupo de adolescentes que sueñan con que se acabe la clase para salir con sus amigos. A pesar de todos los c...

Pendientes de un hilo

El sábado pasado estaba haciendo unas compras en un centro comercial de bricolaje. Habíamos elegido los artículos que nos íbamos a llevar y nos aproximábamos a la línea de cajas cuando escuchamos un grito aterrado. -“¡¡AYUDA!!!-, imploraba una voz joven y desgarrada. -“Por favor, AYUDA”-. El eco de sus palabras impuso silencio en varios metros a la redonda y paralizó a las parejas que discutían por el estampado de las cortinas, a los hombres que pedían asesoramiento a los empleados para escoger los tornillos adecuados y los niños que reclamaban un refresco entre sollozos. Hay sonidos que delatan una urgencia extrema, una necesidad imperiosa de auxilio y protección. Alarmados por el tono grave de la joven, varias personas salimos corriendo en su busca sorteando pasillos llenos de grifos, intentando localizar a la chica entre utensilios de baño, estores y edredones. En medio de un pasillo, la joven trataba de sujetar a su madre, que sufría un ataque de epilepsia. Instantes después, vario...

Mochileros

Tienen dos familias y dos dormitorios que alternan cada fin de semana. Son viajeros prematuros y han aprendido a vivir desde pequeños con una mochila a la espalda. Los niños de padres divorciados son especialistas en sortear las trincheras y están entrenados para pasar de uno a otro bando llevando propuestas de armisticios, declaraciones de guerra incendiarias o peticiones imposibles y costosas con las que los adultos ponen un precio a la paz. Hay situaciones que, por amor a los hijos y por propio sentido común, deberían estar superadas. Con frecuencia oímos a los padres quejarse de las artimañas de sus “ex”, de la falta de atención del otro progenitor o de la intromisión de las nuevas parejas en la vida de los niños. Mientras tanto, en el fondo de un escenario en los que los padres se sitúan como únicos y sufridores protagonistas, vemos a unos niños condenados a manejarse en la tensión, obligados a actuar como confidentes de las frustraciones de sus padres y siendo testigos de episodi...