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Una luz más fuerte

Tiene una sonrisa generosa y resplandeciente, capaz de iluminar una calle entera. Sus ojos brillan con una luz especial, como si custodiaran un secreto inaccesible al resto de los mortales, una fórmula mágica para conservar la tranquilidad y el buen humor en cualquier circunstancia, en todo momento. Siempre. Llega por la mañana temprano al rincón que ocupa desde hace años en Bravo Murillo, cerca de la salida del metro de Tetuán, enfrente de un semáforo donde cada día desfilan presurosas cientos de personas que van y vienen mirando los relojes, apremiando el paso de los niños que llevan de la mano o apurando los últimos instantes en los que el color rojo mantiene a raya a una larga hilera de coches. El músico despliega su silla de playa y se sienta delante de una fachada llena de colores, letras y mensajes variados: promociones de un gimnasio especializado en culturismo, carteles de un cantante latino que anuncia un concierto en una sala cercana y mensajes de señoras serias y formales q...

Carrera de obstáculos

Seguro que en algún momento tú también has tenido la misma sensación: hay ocasiones en las que, por mucho que te esfuerces en conseguir un objetivo, todo parece ponerse en contra. Los imprevistos se multiplican, las puertas se cierran y el ánimo de los que están alrededor crea una atmósfera pesada, como si la sola idea de seguir adelante agotara de antemano todas las reservas de energía. En esos momentos, en los que todavía intentas que la situación se pueda resolver, te sientes como un corredor que no para de saltar obstáculos que se agrandan y se reproducen a medida que te acercas a la meta. Un cliente que no para de poner objeciones a un contrato; una cena familiar en la que los reproches van de un lado a otro de la mesa como la bola de una partida de ping-pong ; un viaje en el que la lluvia o la torpeza de un tour operador boicotea un fin de semana de vacaciones… Las carreras de obstáculos son difíciles y desalentadoras. Por eso conviene recordar que nadie nos impide hacer un alto ...

Yo invito a esta ronda

“No tengo dinero para hacer muchos planes. Estoy en paro”. Hacía tiempo que no escuchaba esta frase, quizás desde mis años de Universidad, donde muchos compañeros tenían que dividir su tiempo entre las horas de clases y las que pasaban cuidando a algún niño o sirviendo copas en un bar los fines de semana para poder afrontar sus gastos. Entonces el dinero servía para amortizar la matrícula, comprar cigarrillos o planificar una pequeña escapada. La misma frase pronunciada años después hunde los hombros de quien la pronuncia con el peso de la hipoteca, la guardería y la letra del coche familiar. La crisis es una mancha resbaladiza: te hace tambalear y te impide recuperar el paso durante un tiempo. Por eso los desempleados y los mileuristas -que integran la categoría siguiente en el mundo de la precariedad laboral- soportan una carga tan pesada: a la preocupación por cumplir con sus pagos se suma la impotencia de saberse fuera del sistema, en una situación donde no hay lugar para planes a ...

Hombres de verdad

-“El problema es que ya no quedan hombres de verdad. A nuestra edad están todos casados o arrastran relaciones fracasadas del tipo ‘me hicieron daño y tengo miedo a enamorarme’ o ‘aún no me siento preparado para empezar algo serio’. Encontrar pareja a partir de los 30 no es difícil: es prácticamente imposible”. Escucho con atención a mi amiga, que no para de girar la cucharilla dentro de su taza de café. Habla con una convicción demoledora, fabricada con estadísticas personales de hombres que entraron con una pasión prometedora en su vida, pero que acabaron saliendo sin muchas explicaciones por la puerta de atrás. Intuyo que ya ha borrado esos nombres de su agenda de teléfono y de su cuenta de msn, que se ha deshecho de las fotos, los regalos y de esos pequeños detalles (una entrada de cine, la tarjeta de un restaurante…) que testimonian el paso de un amor. Sin embargo, de vez en cuando, el recuerdo de algunos de ellos reaparece. Como hoy, como en este preciso instante. No identifico e...

Motivos para alegrarse la vida

Hace años, cuando fui a Londres a hacer un curso de inglés, me impresionó un slogan publicitario que leí en un vagón de metro: “¿Inspiración? Se trata de saber hacia dónde mirar”. En aquel entonces tenía poca experiencia, ninguna herida y escaso entrenamiento en saltar obstáculos. La vida me había mimado y aún no me había sometido a pruebas difíciles. Sin embargo, la frase quedó grabada con fuerza en mi memoria, como si en el fondo supiera que en algún momento volvería a pensar en ella. Hay pensamientos que funcionan como brújulas: nos orientan en trayectos complicados del camino y marcan con claridad la dirección que debemos seguir. Años después, comprobé la verdad escondida en esa frase. Hicieron falta despedidas indeseadas, cambios de residencia, crisis profesionales y algún que otro arañazo en el corazón para darme cuenta de que en los momentos más duros es cuando hay que mirar con más atención a nuestro alrededor en busca de inspiración, cuando hay que dejar de pensar en lo incómo...

Estaciones de paso

En cualquier viaje hay estaciones incómodas de transitar. En ocasiones, el tren se estropea y te obliga a pasar un tiempo indefinido en lugares inhóspitos y desagradables, andenes sombríos donde las horas pasan lentamente, pesadamente, cansadamente. En estos momentos, me encuentro en una de esas etapas. El andén está en la zona Norte de Madrid, junto a cuatro imponentes rascacielos. El hospital de La Paz tiene una estación bulliciosa y concurrida a la que se accede por el Servicio de Urgencias. Celadores de camisa amarilla y pantalón blanco tratan de poner orden en la fila de enfermos que guardan con resignación su turno para ser inscritos en la sala de admisión. Mujeres y hombres de todas las edades, razas y condiciones sociales aguardan para recibir atención mientras reposan las cabezas en el hombro de sus parejas, se tocan con preocupación las partes doloridas de su cuerpo o miran con impaciencia el reloj. Los familiares se ponen nerviosos y preguntan a los celadores, los enfermos...

Desde el banquillo

Las vacaciones han terminado de una forma totalmente imprevista: desde hace más de diez días tengo una bronquitis persistente que me ha privado de disfrutar de los últimos días de playa, de las salidas al anochecer y del ambiente festivo del agosto, con brindis entre amigos con bebidas bien frías, bailes hasta la madrugada y momentos de diversión dignos de comentarios memorables en los álbumes de fotos y los perfiles de Facebook. La enfermedad me está obligando a contemplar el partido desde el banquillo, con un hilo escaso de voz y sin posibilidad de intervenir en el juego. Por eso sigo al pie de la letra las indicaciones de los médicos y voy a todas partes con mis frascos de jarabe, mi tableta de antibióticos, una botella de agua y un pañuelo anudado al cuello (una imagen extraña en el paisaje caluroso de Madrid). Cada día no disfrutado es un trozo de vida imposible de recuperar en el tiempo. Espero que los medicamentos comiencen a surtir efecto. Quiero volver a jugar.