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El árbol de la vida

Sucedió cuando sólo habían trascurrido 20 minutos desde el inicio de la película: las luces de algunos dispositivos móviles comenzaron a encenderse. Sus dueños comentaban sus impresiones en alguna red social, respondían mensajes o comprobaban los minutos que faltaban para el fin de la proyección. No había pasado mucho tiempo, pero habían dejado de prestar toda su atención a la historia que se desarrollaba en la pantalla. Poco a poco, el sentimiento se fue extendiendo a un número cada vez mayor de espectadores. Algunos se cambiaban de postura en los asientos y otros entornaban los ojos con la sucesión de imágenes oníricas que a cada rato interrumpían la narración para reflejar simbólicamente los sentimientos de los personajes: algas en pausado movimiento, animales marinos transportándose en el mar, masas de fuego en colisión… “El árbol de la vida” es una película difícil: la historia es interesante, el trabajo actoral es muy bueno y la belleza visual y sonora, innegable. El escollo de ...

El espacio de los amigos

La comodidad de la vida en pareja provoca en ocasiones un daño colateral: planificamos todo nuestro tiempo libre junto a ella y, casi inevitablemente, desplazamos los encuentros con los amigos. La amistad es un vínculo generoso y elástico: se le pide comprensión cuando no podemos dedicarle la atención que se merece; consuelo cuando las cosas no salen tan bien como quisiéramos; tiempo cuando estamos en disposición de compartir… Existen pocas relaciones tan abiertas y desinteresadas como las que se establecen entre los amigos. Son ellos los que han escuchado una y otra vez nuestros planes de futuro; los que nos han orientado hacia una solución que no habíamos contemplado; los que han asistido a nuestras fiestas y han brindado por nosotros, los que nos acompañaron en algún pasillo solitario, cuando las noticias que venían a darnos eran demasiado difíciles de aceptar… Son los que han estado y continuarán estando ahí, sin pedir nada, sin reprochar nada. Al alcance de la mano. A un golpe ...

Obsesión con el espejo

Paseo tranquilamente por el barrio y al doblar una esquina encuentro un cartel de grandes dimensiones con una figura escultural y una propuesta tentadora: “Remodela tu cuerpo”. En letra más pequeña aparece un listado de los defectos que convendría eliminar, desde liposucciones para absorber la grasa hasta rinoplastias, aumentos de senos y todo tipo de técnicas que la cirugía ha inventado para enmendar a una genética rebelde y caprichosa. La belleza es una aspiración común y comprensible: a todos nos gusta tener una imagen agradable y afortunadamente existen recursos para mejorarla. El problema surge cuando la belleza se convierte en una obsesión y los defectos se transforman en accidentes que hay que corregir a toda costa. El espejo puede ser demoledor bajo una mirada exigente: imposible seguir con esa nariz, esos michelines o esa piel de naranja. La obsesión por la imagen crea además un efecto lupa: amplifica de forma exagerada el más mínimo defecto. Por eso hay clientes asiduos a la...

Espíritu Zen

Regreso a la rutina y varias personas formulan el mismo comentario que posiblemente yo repita dentro de poco: “¿Las vacaciones? Ya casi se me han olvidado…”. Resulta paradójico pensar que necesitamos algunos días para poder desconectar y sentirnos verdaderamente relajados y pocos minutos para que algo nos haga perder la calma: un electrodoméstico que se avería y genera un gasto imprevisto; un corte de tráfico en la carretera que nos lleva a circular a la deriva mientras encontramos una ruta alternativa en medio de un embotellamiento; una vuelta al trabajo con el escritorio lleno de documentos y tareas por hacer en tiempo récord… Hay situaciones que ponen a prueba nuestra paciencia, pero ninguna de ellas deberían hacernos perder el buen humor. Las dificultades forman parte del día a día y merece la pena que tan sólo les dediquemos el tiempo justo para resolverlas. No sirve de nada tenerlas presentes y recrearnos en ellas: el camino no tiene por qué ser aún más difícil. Las cosas pueden...

Sucedáneos

No nos damos cuenta de las tensiones que acumulamos a lo largo del año hasta que llegan los días de vacaciones, extendemos la toalla sobre la arena y nos dejamos invadir por el ritmo lento y acompasado del mar, especialmente si estamos a orillas del Mediterráneo. Las vacaciones desvían la mirada del reloj y la dirigen suavemente hacia un horizonte de planes sencillos y apetecibles: la lectura de un buen libro bajo la sombrilla; una cerveza casi helada a la hora del aperitivo; nado y buceo en un agua en su punto justo de temperatura; comidas familiares y cenas con amigos… En las ciudades han proliferado los lugares de descanso y relax, pero ninguno de ellos resulta tan poderoso y efectivo como el contacto directo con la Naturaleza. Los gimnasios pueden ser muy espaciosos y estar bien equipados, pero no pueden ofrecer las sensaciones que surgen del ejercicio al aire libre: los minutos que pasamos sobre la bicicleta estática no son comparables a los paseos por el campo o la playa, especi...

Amor bajo sospecha

Las diferencias parecen enemigas del amor. En el cliché de pareja ideal que todos hemos asumido hay semejanzas en el grado de atractivo, nivel socioeconómico, estado civil, cultura, religión, raza y edad. La fuerza de este estereotipo es tan aplastante que cae como una losa sobre las parejas donde hay algún tipo de desigualdad. Lo distinto parece sospechoso y la sociedad, los amigos y el entorno más inmediato se encargan de recordarlo cada cierto tiempo con comentarios repletos de temores y prejuicios: el divorciado ha fracasado en su anterior relación y ha “cazado” al soltero, que podría encontrar a alguien sin un pasado difícil a sus espaldas; el joven está con alguien mayor por su dinero o porque le recuerda a una figura paterna y la única motivación del mayor es el sexo; el negro ha dado un salto social uniéndose al blanco, pero le abandonará en cuanto haya alcanzado un cierto estatus, porque le “tira” la gente de su raza; el universitario acabará aburriéndose de un compañero sin e...

En carne viva

Visitar una exposición retrospectiva de un artista es como sostener entre las manos un álbum completo de su vida que incluye fotografías, anotaciones, bocetos, tachaduras, recortes… Las obras que hay dentro de la sala hablan de su búsqueda y sus respuestas, de su forma de ver el mundo y traducirlo a un lenguaje íntimo y particular. Ésta fue la sensación que tuve este fin de semana al visitar la exposición de Yayoi Kusama en el Museo Reina Sofía: la de adentrarme en un viaje acelerado por la vida de esta artista japonesa que no ha parado de lanzar mensajes al mundo desde que era muy joven hasta nuestros días, en los que sigue creando pinturas y esculturas en el hospital donde reside. La evolución de su obra deja al descubierto sus circunstancias, sus hallazgos, sus huellas en el camino: la ingenuidad de los primeros años; las obsesiones de su etapa neoyorkina, en la que transformaba objetos cotidianos con elementos que representaban sus miedos y que repetía hasta la extenuación; la nost...