sábado, 31 de diciembre de 2011

Desde el chiringuito

Escribo estas líneas desde mi ordenador portátil, sentada en un merendero. En el horizonte, unas cuantas palmeras, varias sombrillas de paja y un mar tranquilo y plomizo, silencioso a su llegada a la orilla. El sol brilla con timidez e intenta buscar los huecos que van dejando las nubes. Un grupo de gaviotas atraviesa el cielo con prisa, perfectamente alineadas, chillándose unas a otras con su particular sistema de palabras indescifrables. A mi derecha, las risas cada vez más cercanas de una niña llegan alegres hasta mi mesa, desde donde la veo deslizarse sobre unos patines rosas (¿regalo de Papá Noel?) mientras un perrillo blanco la sigue jadeando y dando brincos.

 -“¿Desea alguna cosa más?”-, me pregunta un camarero al observar que mi vaso se ha quedado vacío de Coca-Cola, con un hielo medio derretido y solitario. De vez en cuando, un ciclista pasa fugazmente moviendo con fuerza los pedales de su bicicleta. -“Barato”-, me comenta un chico negro con la esperanza de venderme uno de los relojes  que saca de su mochila. A mi izquierda, en el espigón, dos señores mayores despliegan sus cañas de pescar, dos lanzas de plástico trazando líneas sobre el horizonte.

 Mientras escribo, me doy cuenta de que hay una facultad que aflora cuando tenemos tiempo: la capacidad de observar, la oportunidad de convertirnos en espectadores sin que el entorno espere ninguna respuesta por nuestra parte. La ausencia de valoraciones y juicios aporta una paz infinita.

 Tiempo. Relax. Vacaciones.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Decepción

Pérdida momentánea de energía. Mirada sin brillo y sonrisa forzada. La realidad no coincide con las expectativas.

Valentía

Paso adelante. Pecho al descubierto. Fuerza arrolladora de quien confía en sí mismo y en sus posibilidades.