lunes, 26 de marzo de 2012

Con permiso de Chavela

Me tropecé con el tweet de Chavela Vargas el sábado por la noche, mientras leía con rapidez mensajes de 140 caracteres que hablaban de propuestas de ocio para el fin de semana, de la inminencia de las elecciones en Andalucía y Asturias y del estado de ánimo de los usuarios, que bromeaban distendidamente sobre todo tipo de asuntos. Chavela, desde su  perfil sonriente en sepia, con camisa blanca y pañuelo rojo anudado al cuello, ponía voz profunda y sonido de guitarra a través de un único mensaje. Tan sólo un artista puede decir mucho con muy pocas palabras. -“El amor es un paso. El adiós es otro…y ambos deben ser firmes, nada es para siempre en la vida”-, comentaba en su tweet.

Amar y despedirse. Vivir intensamente con alguien y morir para alguien. Nacer, morir y renacer. Tiene razón Chavela. Nada es para siempre o, al menos, nada es para siempre de la misma forma. Todo cambia. Todos cambiamos. Pero me resisto a recrearme en la melancolía. Hay algo que siempre perdura: los buenos recuerdos, las huellas imborrables de esos amores y de esas experiencias que se perdieron o, simplemente, se transformaron en otra cosa. Los recuerdos están ahí, en algún lugar secreto de nuestra memoria, esperando una señal que les traiga a la superficie: una canción, la página doblada de un libro, el bolígrafo sin tinta de un hotel o la fotografía que suprimimos de un álbum y años después aparece en el fondo de un cajón porque en su momento, a pesar del desamor o la decepción, nos resistimos a deshacernos de ella.

domingo, 4 de marzo de 2012

La fuerza de una imagen

Enseñó al mundo las caras tiznadas de carbón de los niños mineros, las miradas inseguras de los inmigrantes polacos que llegaban a Ellis Island con maletas atadas con cuerdas y las hileras de ropa tendidas al sol de los barrios desfavorecidos de Manhattan a principios del siglo XX. Sus imágenes suenan a sirenas de barco, a palabras pronunciadas en un inglés con acento extranjero, a máquinas accionadas por niños que no tienen más remedio que trabajar. En las fotografías de Lewis Hine hay páginas llenas de historias, ambientes cargados de sensaciones, sabores, olores. Ruido. Inquietud. Conciencia de que los episodios que rescata no deberían haber pasado nunca, conciencia y denuncia del sufrimiento ajeno.

El poder del artista es tremendo: su mano invisible atrapa al espectador y le introduce en el escenario de cada fotografía. ¿Cómo empezarías una nueva vida en otro país con poco dinero y sin conocer el idioma? ¿Qué sentirías al ver a tu hijo descalzo vendiendo periódicos por la calle? ¿Cómo soportarías el frío de un invierno en Nueva York en un cuarto sin calefacción y las paredes desconchadas por la humedad? La fuerza extraordinaria del arte es su capacidad para generar sentimientos y preguntas en los espectadores, un doble objetivo que se cumple en la colección de fotografías de Lewis Hine que la Fundación Mapfre expone hasta el próximo 29 de abril. Si no tienes oportunidad de visitar la muestra, te sugiero que busques sus obras en Internet. Sus fotos son retazos de historias vibrantes y extraordinariamente humanas.