domingo, 18 de mayo de 2014

#Que alguien me lo explique

Leo con verdadero estupor las declaraciones de la autora de un asesinato que no sólo no se arrepiente del atentado que acaba de cometer, sino que se jacta de ello y justifica su crimen porque la víctima, según su desquiciado criterio, “se lo merecía”. Con el mismo estupor e incredulidad leo también comentarios en redes sociales disculpando a la asesina y señalando como posibles atenuantes la crispación social, las barreras entre el pueblo y la clase política, la indignación, los efectos trágicos de la crisis…

 ¿Creerse víctima de una injusticia justifica que alguien acabe con la vida de una persona? ¿La indignación actúa como una carta blanca en nuestra sociedad? Porque si es así, nadie está libre de recibir el ataque de otro que se sienta perjudicado por su actitud. Un jefe autoritario, un familiar molesto, un vecino ruidoso, un compañero de trabajo cotilla, un amigo que comete una traición… ¿Para qué tenemos unos derechos y un sistema judicial? ¿Vivimos en una sociedad civilizada o en una auténtica jungla? ¿Los contenciosos se dirimen en los juzgados o a balazo limpio? ¿Quiénes son nuestros héroes: los asesinos o quienes contribuyen a crear una sociedad mejor? No perdamos el norte: la vida es el bien más preciado que tenemos. Y afortunadamente, vivimos en un país en el que nadie tiene derecho de acabar con ella.