miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sé cómo eres

Ni test de personalidad ni estudios sociológicos: hay otras formas más divertidas y curiosas de intuir el carácter y las motivaciones de las personas que nos rodean. Basta con tomarse el tiempo necesario, afinar nuestras dotes de observación y encontrar el escenario adecuado, un lugar que presente múltiples opciones y en el que concurran todo tipo de personajes.

Tomemos como ejemplo el self-service de un gran complejo hotelero. 13:30 horas: empiezan a llegar los primeros turistas. Tras hacerse con sus bandejas de plástico y empezar su periplo por las distintas fuentes del autoservicio distinguimos a nuestros primeros sujetos de estudio:

1.- La mujer controladora. Está más pendiente de la bandeja de su marido que de la suya propia. Cada vez que su cónyuge se acerca a un plato apetitoso le recuerda sus problemas de colesterol y si toma una segunda cerveza empieza a relinchar como un caballo de carrera. Es autoritaria, antipática y aguafiestas.

2.- El niño-latazo (y digo “latazo” por no emplear otro adjetivo que termina en “azo” que sería más preciso, pero menos decoroso para este blog). Insiste en rociar un plato lleno de patatas fritas con un bote de tomate ketchup que termina salpicando a los incautos que están alrededor. El niño-latazo se dirige a su madre como una metralleta -“Mamá-mamá-mamá”-, tiene tendencia a derramar su vaso de Coca-Cola y su cucurucho de chocolate y llora desconsoladamente cuando algo le sale mal. En el colegio siempre se lleva capones en el recreo. Es despistado, un poco torpe y bonachón.

3.- El viajero solitario. Se pasea por el autoservicio con cara de asco, recrimina a un camarero filipino de sonrisa congelada (no habla español y se limita a asentir con la cabeza) la falta de variedad del menú y se sienta en una mesa de cara a la pared para evitar el contacto con los otros. Es antisociable, maniático y protestón.

4- La chica que busca una aventura. Acaba de salir de la piscina y se adentra en la sala subida en unos tacones de 7 cm y enfundada en un minivestido. Provoca atascos en las colas del autoservicio formulando preguntas sobre todos los platos poniéndole ojitos al camarero más guapo de la plantilla. Es seductora, coqueta y buscadora de nuevas experiencias.

5.- La pareja deportista. Se han pasado toda la mañana en el gimnasio, tienen cita en la pista de tenis por la tarde y clase de yoga al anochecer. Han convertido sus chándales en su uniforme vacacional y calculan a ojo de buen cubero la cantidad de calorías de cada plato. Son organizados, saludables y metódicos.

6.- Presuntos culpables. Están entraditos en carnes y miran con deseo la fuente de los postres. Se debaten entre el deber (un plato de fruta) y el querer (una selección de pasteles). Tras varios paseos entre ambas fuentes y unos minutos de deliberación, terminan por una solución intermedia: tarta de chocolate con guarnición de sandía y kiwis. Son caprichosos, indecisos y dan muchas vueltas antes de tomar una decisión.

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Podríamos seguir describiendo a personas desconocidas hasta el infinito. Aunque no nos demos cuenta, emitimos continuamente señales de cómo somos y cómo nos relacionamos. Nuestros gestos y acciones dicen más que nuestras palabras: proyectan una luz sobre nosotros que no pasa inadvertida para aquellos que saben observar.

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