viernes, 10 de septiembre de 2010

Motivos para alegrarse la vida

Hace años, cuando fui a Londres a hacer un curso de inglés, me impresionó un slogan publicitario que leí en un vagón de metro: “¿Inspiración? Se trata de saber hacia dónde mirar”. En aquel entonces tenía poca experiencia, ninguna herida y escaso entrenamiento en saltar obstáculos. La vida me había mimado y aún no me había sometido a pruebas difíciles. Sin embargo, la frase quedó grabada con fuerza en mi memoria, como si en el fondo supiera que en algún momento volvería a pensar en ella. Hay pensamientos que funcionan como brújulas: nos orientan en trayectos complicados del camino y marcan con claridad la dirección que debemos seguir.

Años después, comprobé la verdad escondida en esa frase. Hicieron falta despedidas indeseadas, cambios de residencia, crisis profesionales y algún que otro arañazo en el corazón para darme cuenta de que en los momentos más duros es cuando hay que mirar con más atención a nuestro alrededor en busca de inspiración, cuando hay que dejar de pensar en lo incómodo de la situación que vivimos para encontrar motivos, por pequeños que sean, para alegrarse un poco la vida.

Durante estos días he pensado más de una vez en esta frase. La he sostenido entre mis manos como una piedra preciosa, mirándola desde todos los ángulos, calibrando cuáles eran las partes que desprendían más luz. Entonces he dejado de pensar en los días que llevo sin salir de casa, en cortisona, ataques de tos e inhaladores. He mirado a mi alrededor y me he recreado en el cariño con el que me está cuidando mi marido, la atención incondicional de mi madre, las llamadas y mensajes afectuosos de familiares, amigos y compañeros de trabajo y los dulces argentinos de Ali.

Los pensamientos positivos contienen un imán: cuanto más los cultivas, con mayor facilidad aparecen. Así que llevo toda la mañana pensando en todas las cosas que voy a hacer cuando me recupere: tomar helado de chocolate, dar un buen paseo por la plaza de Oriente, beber una copa de Rioja, quedar en una terraza con los amigos, volver a casa por mi cumpleaños y cenar con mi familia junto al jardín…

Saber hacia dónde mirar implica buscar en los sitios adecuados y cruzar miradas con las personas más queridas. Por muy gris que sea nuestra situación, siempre encontraremos motivos para que la vida sea más agradable y llevadera.

3 comentarios:

  1. Es muy bonito Estefanía! Pensar así te va a ayudar a recuperarte y a hacer todas esas pequeñas cosas que a veces no damos importancia pero que nos cambian la vida...
    Cuidate mucho!
    Elena

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  2. Muchas gracias por tus ánimos, Elena. Eres un SOL.

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  3. Me ha encantado leerte mientras me bebo 10ml. de un jarabe con sabor indescriptible,pañuelos húmedos de tanto uso y ojos vidriosos, ya no de llorar y sí de mucho moquear.
    Me gusta tu blog.
    Saludos

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