domingo, 11 de julio de 2010

El mal amor

La Literatura ha mitificado la pasión. Cualquier héroe, por modesto que fuera, tenía que verse arrastrado por la fuerza de un sentimiento fuerte y palpitante, vivir una relación que se erigiera en el epicentro de su vida y le obligara a renunciar a cualquier cosa, a batirse en mil combates, para conquistar definitivamente a su pareja y poder consumar su amor. Luchar contra viento y marea. Enfrentarse a un entorno que no comprendía su historia. Salvar al otro de los problemas que le atormentaban. Esforzarse, esforzarse mucho, para estar a la altura de las circunstancias. Quien quisiera conocer el amor verdadero, tenía que vivir una gran pasión.

Cuántas veces nos hemos dejado llevar por el romanticismo de estas ideas y nos hemos visto envueltos en relaciones que creíamos muy pasionales. Pero… ¿puede llamarse amor el sentimiento que mueve a alguien a ponernos pruebas imposibles? ¿Actúa con amor la persona que nos pone en contra de nuestros seres queridos o la que espera que soportemos toda la carga de sus problemas, sus errores o sus miedos?

En ocasiones nos equivocamos al definir las situaciones y poner palabras a los sentimientos. No es lo mismo pasión que tiranía. Las grandes historias no se escriben a golpe de desencuentros. El amor no es egoísta ni manipulador.

3 comentarios:

  1. Hola! :-) A menudo Historia y Literatura van unidas.La Historia está para aprender de ella y no cometer los mismos errores.Para mí Amar no es Sufrir, si no todo lo contrario: es ser feliz. En relación a tus preguntas, supongo que alguien que te quiere no te pone pruebas imposibles, es más, creo que no te pone ninguna prueba. Si nuestros seres queridos nos respetan y también nos quieren es muy egoísta ponerlos en nuestra contra. Y, como a tí, me parece tiranía pretender que carguemos toda la carga de sus problemas. Una cosa es intentar resolverlos juntos y otra muy distinta que los cargué a otro... Comparto contigo que una historia y, mucho menos si es de amor, se escriba a golpes de desencuentros. Creo que la Historia universal está llena de ellos, pero se ha escrito gracias a los encuentros.
    Besitos.

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  2. A fuerza de tiempo pasado y acumulación de desengaños, los fragores adolescentes de pasión y romanticismo van dejando paso a un pragmatismo casi desalentador. Sin embargo, y a pesar de tener el alma llena de tiritas, sigo dispuesto a sacrificarlo todo por un sentimiento verdadero, honesto y recíproco.

    Jamás subiré a lo alto de una montaña para matar al dragón y ganarme el corazón de una princesa caprichosa, pero eso sí, como algún dragón incauto toque un solo pelo de MI princesa, que tiemble porque le perseguiré sin descanso hasta atravesarle el corazón con mi espada.

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  3. Estoy de acuerdo contigo. La palabra amor se utiliza con mucha ligereza. Sin embargo, el desamor es más difícil de detectar.

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