jueves, 29 de julio de 2010

Mancha de tinta sobre fondo blanco

Recorro en taxi las calles de Barcelona. El conductor ha verificado la dirección de mi cita en el GPS y me ha confirmado que nos quedan 25 minutos de trayecto. Al parecer, el comercial que organizó mi viaje no introdujo la información completa y reservó un hotel cerca de la calle Dante, en el sur de la ciudad, creyendo que se trataba de la calle Dante Alighieri, situada en la zona norte. Suspiro profundamente, mando un sms para prevenir a las personas que me esperan que voy a retrasarme y contesto con monosílabos al conductor del taxi, empeñado en hacerme todo tipo de preguntas indiscretas -de dónde vengo, por qué visito la ciudad, en qué sector trabajo…- para darme conversación. Mientras tanto, observo con admiración la arquitectura exquisita de los edificios de Barcelona, el paseo embelesado de los turistas y la mezcla de nacionalidades -una mujer india con sari, varios occidentales y un chico de color- que esperan la llegada de un autobús de línea.

La vida está llena de imprevistos y de equivocaciones. No siempre tenemos los datos correctos o la información completa. A veces los mapas no están actualizados con los últimos cambios o simplemente no están bien trazados. Por eso damos tantos rodeos, nos salimos de la ruta o nos adentramos en callejones sin salida. Perderse es muy fácil cuando se está dispuesto a recorrer un camino desconocido: lo difícil es asumir el error. Estamos acostumbrados a los aciertos, a los textos sin tachaduras y a las vidas aparentemente perfectas. Los errores son manchas de tinta, borrones molestos e inoportunos sobre un fondo blanco. Sin embargo, ¿cuántas veces no hemos disfrutado de una situación o hemos conocido a alguien interesante como consecuencia de un paso en falso o de una elección equivocada?
Las personas que no se equivocan son aquéllas que repiten los mismos esquemas y recorren las mismas rutas. Reconozco que he roto varios platos (bueno, yo diría que bastantes) incluso puede que alguna fuente y copas delicadas y valiosas. Pero he manejado numerosas vajillas y mantengo el entusiasmo por los retos y los descubrimientos. El error es el riesgo de cualquier camino desconocido pero, ¿acaso no merece la pena vivir la aventura?

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